on Saturday, April 14, 2012
Érase una vez un mes de abril de hace cincuenta y cuatro años. Mordehai Buchmann ve pasar las horas de esta nueva primavera en la que está a punto de nacer su hijo, un niño judío que llega al mundo en Bucarest, una ciudad doliente y cansada, como el mismo Mordehai. ¡Cuantas horas de sufrimiento ha tenido que soportar este periodista rumano para poder escapar vivo de los campamentos nazis! Intenta imaginar como será la criatura cuya llegada espera con tanta ansia. Algún día, cuando el dolor se haya suavizado por el paso de los años, es posible que pueda  contarle la historia de estos últimos tiempos en los que el mundo dio tantas vueltas que, en una de ellas y para sobrevivir al horror, hubo de cambiar hasta su nombre. Ahora el judío Mordehai Buchmann, ha muerto. Para el resto de su vida él será conocido por todos como Ion Mihaileanu, el guionista de una emblemática película “Duminica le ora 6”.

Medio siglo después, aquel niño se ha convertido en un afamado director y guionista cinematográfico que, huyendo de la dictadura de Ceausescu, recaló en Israel y finalmente se exilió en Francia. Allí empieza a colaborar como ayudante, y luego como co-guionista, con  prestigiosos directores, incluido nuestro Fernando Trueba, hasta  que a sus treinta y cinco años filma y firma su primer largometraje “Traidor” (Trahir, 1993); en esta cinta encierra al protagonista, escritor disidente del régimen comunista, entre los muros de una terrorífica y claustrofóbica cárcel de su Rumania natal. Radu modela a un esplendido ser humano, que intenta no ceder en sus planteamientos, evitar la delación y sobrellevar sus penosas condiciones, escribiendo hasta con las uñas por las paredes de su celda, hasta que la tentación va haciendo mella en su espíritu…

Cinco años más tarde nos presenta su segunda película: ”El Tren de la vida” (Train de vie,1998). En esta ocasión aborda de frente el problema del Holocausto a través del horror  propiciado en las pequeñas ciudades de la Europa del Este por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Un grupo de judíos organiza un convoy que simula un tren de prisioneros, para escapar del terror y del exterminio del pueblo, en una increíble mezcla de dramatismo, comedia y poesía que hace que, inevitablemente, nuestro recuerdo vuelva a Ion Mihaileanu y a sus demonios familiares.

“Vete y vuelve” (Va, vis, et deviens, 2005), es un canto de amor filial en el que, ante la atroz injusticia que desgarra al tercer mundo, se van superponiendo los sentimientos en una batalla silente entre  la amargura, la renuncia, la ternura y el dolor. La belleza de las imágenes y la magnífica puesta en escena, se apodera de tal manera de propios y extraños que nos encontramos formando parte de un mundo en el que la calidad humana de los personajes y los auténticos valores que impregnan sus vidas nos contagian, nos emocionan y nos hacen vibrar. La historia se desarrolla en los años ochenta del siglo XX cuando, a instancias de EEUU e Israel, se pone en marcha la “Operación Moisés”, cuya finalidad es llevar a los judíos etíopes (los llamados falashas) a Israel, librándoles así de la muerte, ya sea por enfermedad, por agotamiento o por la hambruna que padecen en el campamento sudanés, en el que malviven junto a miles de refugiados de diversas etnias y países africanos. Una madre cristiana, ante la posibilidad de salvar a su hijo de nueve años, le convence  para que haciéndose pasar por judío etíope se una a  la expedición, y se  libre así de una muerte más que probable. El pequeño llega como huérfano a la Tierra Prometida, intenta olvidar quien y cómo fue su vida anterior y, día tras día, va integrándose con gran dificultad en un mundo nuevo, y descubriendo las dulzuras y amargores de su nueva situación, mientras que, noche tras noche, al contemplar la luna, mantiene un monólogo con aquella madre que fue capaz de apartarlo de ella para que pudiera sobrevivir…

Y de repente se produce lo que, en principio, parece un cambio de registro, y en 2009 Mihaileanu nos traslada de Moscú a Paris para que escuchemos la hermosa interpretación de Tchaikowsky que el antiguo director del Bolschoi de Moscú, en compañía de los que fueran antiguos músicos, nos tiene preparado en el  teatro del Châtelet  parisino. Y, en un abrir y cerrar de ojos, organiza “El concierto”, una película increíble y mágica en el que la comedia, la tragedia, la fantasía y la ilusión nos hacen llorar y reír, al tiempo que  un puñado de comediantes excelsos se adueñan de la escena y de nuestros corazones, haciendo creíble un sinsentido hermoso que, como los cuentos de antes, colorín colorado, tiene un soberbio final. 

Para terminar, resulta curioso que un judío describa de forma tan autentica y documentada la   problemática que aborda “La fuente de las mujeres” (La source, 2011). Mihaileanu afirma cuando le preguntan sobre ello que “Judíos y árabes proceden de la misma raza semítica. Cuando se intenta hablar de la belleza de una cultura que no es la propia pero que tiene unas, raíces, una música, unos alimentos, y una forma de vida común, a nadie puede extrañarle que un judío describa con tanta pasión y nostalgia una hermosa historia de amor, dolor y superación entre seres humanos, sean árabes, cristianos o judíos”.

“Las mil y una noches”, fueron los cuentos que una mujer inventó cada noche  para poder ver amanecer al día siguiente, y sirve magníficamente de hilo conductor del mensaje que Milhaileanou traslada a todas las la mujeres árabes: El valor que supone para su integración  el saber hacerse escuchar, su voz ha de ser la provocación para que, a través de muchas primaveras árabes, lleguen a alcanzar su completa liberación.  

El papel primordial del amor y la comprensión de un hombre: su marido, facilita que la bella Leïla se decida a incitar, contra viento y marea, la rebelión de las ciudadanas de un pequeño y aislado pueblo, en el que para conseguir llenar sus cubos de agua deben ser ellas las que a diario suban y bajen la pedregosa y reseca montaña, donde se ubica la única fuente de la localidad, mientras que los hombres, en su mayoría inactivos y perezosos, permanecen charlando en sus casas al resguardo del ardiente sol. La idea de comenzar una huelga en la que se niegan a mantener relaciones con sus maridos hasta que no faciliten la llegada del agua al  pueblo, es el “leitmotif” de esta comedia costumbrista y colorista que, al tiempo que nos deja su profundo mensaje, nos provoca la sonrisa una y otra vez. El film está basado en un hecho real y el escenario escogido es impecable, como lo es también la interpretación del grupo de mujeres rebeldes.

Hasta aquí el trabajo de un guionista y director cinematográfico que nació en Rumanía, pero que, sin duda, es un ciudadano del mundo, capaz de comprender el sufrimiento y los anhelos de otras razas y otros pueblos, y de denunciar las injusticias sean del signo y del color que sean. En todas y cada una de sus películas, este realizador se muestra comprometido con unos valores universales en los que cree y por los que lucha con la mejor herramienta que tiene, conoce y domina. 

No sé si Ion Mihaileanu sigue vivo, pero estoy convencida de que el hijo que esperaba con tanta ilusión en aquel mes de abril de hace cincuenta y cuatro años  es un bendito judío rumano que va por este mundo haciendo el bien. ¡Shalom!

Por Elena Méndez-Leite

on Thursday, April 12, 2012
"No se llega a gran hombre si no se tiene el coraje de ignorar una infinidad de cosas inútiles". Carlo Dossi

"El que compra lo superfluo, pronto tendrá que vender lo necesario". Benjamin Franklin

En España hay una exaltación permanente de lo inútil: cosas, cargos, prebendas, estamentos y personas. Así difícilmente podremos superar la crisis económica y mucho menos la social o la política que también estamos padeciendo. Una situación insostenible, que va dejando un reguero de desolación y pobreza a su paso, inferida como consecuencia de esa crisis más profunda, que tiende a ocultarse o que muchos siguen sin querer ver, que es la referida a los valores humanos más elementales. Unos valores que han terminado compartiendo fosa común con lo espiritual, que en buena medida también ha quedado medio enterrado bajo el peso del materialismo iridiscente, que nos ha tenido obnubilados y enganchados al dios Euro. Un nuevo becerro de oro; una feráz ubre a la que muchos hubieran querido seguir amorrados, sin importar si algún lechón se quedaba sin ser amamantado, o si moría en algún rincón de inanición. Había abundancia... para casi todos. Y por más que en el casi cupiesen varios cientos de millones de seres humanos, los gruñidos y el arruar de la piara no dejaban escuchar nada más, aunque fuera el llanto de un niño.

Ahora necesitamos con urgencia un lider para reconducir la situación y, por lo tanto, que nuestro Presidente sea, por fin, un verdadero hombre de estado. Un Presidente ejemplar, que asuma debidamente la responsabilidad que aceptó y juró con su cargo, o que, en caso contrario, renuncie al puesto, si por algún motivo creyera que le viene grande; que también es de grandes hombres saber renunciar a aquello para lo que no están capacitados. España no podría soportar por otros cuatro años más a otro iluminado accidentado o a otro Presidente por accidente; y los españoles tampoco. Ni siquiera podríamos soportarlo cuatro meses o cuatro semanas más.

Es hora de coger el timón con mano firme y poner rumbo hacia la razón, guiados por el sentido de la responsabilidad y el compromiso. Basta ya de vaguedades; basta ya de medias verdades; basta ya de incompetencia, irresponsabilidad, despropósitos, cosas inútiles, mediocridades, bandazos y estacazos a la ética y los valores. Basta ya de que los políticos, unos y otros, vayan a lo suyo o a por lo suyo, a cambio de lo nuestro. Basta ya de sacrificar el bien común al goce de unos pocos.

Somos una gran nación, que produce magníficas personas en cada una de sus villas, pueblos, ciudades y regiones; en cada uno de sus rincones sin excepción. También en cada una de sus diecisiete comunidades, no sea que alguno tenga que reivindicar su presencia, por no sentirse aludido al hablar de España. Pero lo que ahora toca, más allá del color de la bandera, del acento o la lengua, más allá del egoísmo, el provincianismo, el regionalismo o el nacionalismo absurdo, insostenible, insolidario e innecesario, es demostrar nuestra gallardía. O nos unimos y empujamos todos a una, mano con mano, codo con codo, hombro con hombro, o nos hundimos todos sin remisión. Algunos se iran al fondo aferrados, enredados y amortajados con sus banderas comunitarias, como un sentido homenaje a lo absurdo. Al llegar al lodo terminarán formando un colorido arrecife multicolor, a modo de eterno monumento a la necedad.

Mantenerse a flote no será fácil y tampoco librarse del lastre de lo inútil, pero en todo caso y para conseguirlo hace falta mantener la unidad, en base a un verdadero liderazgo y a la debida potestad para llevar a cabo las decisiones que se tomen. Una potestad que, voluntaria y democráticamente, los españoles hemos concedido a nuestro Presidente, bien porque nos lo pidiera él con insistencia, bien porque no hubo mejor opción; en todo caso, ostenta esa capacidad por aclamación popular y por designación de las urnas. Ahora le toca a él demostrar que además de potestas dispone de auctoritas y asumir la responsabilidad que le corresponde, con la integridad y la grandeza que debería tener todo verdadero hombre de estado. Si lo hace, el deber de todos los demás será seguirle, pues nos guste o no, navegamos en el mismo barco. De ahí la necesidad, entre otras cosas, de establecer un gran pacto de estado y terminar con lo inútil o lo superfluo sin más dilación. No hay más tiempo para zarandajas, veleidades o medias tintas.

Por descontado, la inmensa mayoría, incluso aquellos que públicamente siguen sin reconocerlo, somos conscientes de las dificultades y del inmenso páramo sembrado de sal que su predecesor nos ha dejado. Un erial que abarca no solamente lo económico, sino también lo social, lo político, lo cultural y sobre todo lo humano. Pero podemos, debemos y queremos salir de esta situación. No estamos dispuestos a dejarnos llevar por la sinrazón o el abatimiento y además... no tenemos otra alternativa.

Quizás no lo consigamos todos y sin duda será mucho lo que tendremos que dejar por el camino, pero al menos la mayor parte se habrá salvado. Y el que quiera ver, descubrirá que en medio de las dificultades y el dolor, también habremos sido recompensados, pues pocas cosas hay de mayor valor en la vida que la superación y poder aprender de nuestros errores o de las dificultades, en este caso para recuperar la parte de humanidad perdida. Un aprendizaje que también debería servir para cambiar el modelo social, que es lo que, precisamente, daría algún sentido a todos esos miles -millones- de vidas rotas, cuyo sacrifico no habrá sido en vano.

Ponga el timón a la vía y navegue, Señor Presidente; navegue a rumbo con decisión, inteligencia, honestidad y valentía... o terminará formando parte del inmenso monumento a lo inútil en que se habrá convertido España. 

Por Alberto de Zunzunegui

on Monday, April 2, 2012
"Quizá la obra educativa que más urge en el mundo sea la de convencer a los pueblos de que sus mayores enemigos son los hombres que les prometen imposibles". Ramiro de Maeztu

Hablábamos ayer de la triste y creciente problemática de unos padres maltratados por sus hijos y, días más tarde, leo que se ha creado un centro especial de acogida, dirigido por profesionales cualificados, para el tratamiento y recuperación de esos jóvenes difíciles con el fin de lograr su futura reinserción en la sociedad.  ¡Bienvenido sea! 

Pero lo que ha llamado más mi atención es que, llegado el fin de semana y en un programa de televisión, dan cuenta de una actuación, de tintes mucho más positivos, de la que yo no tenía noticia, y que se conoce con el nombre de UNIVERSO UP; universidad de padres.

Ideada por un eminente sociólogo de formación humanista, esta Fundación sin ánimo de lucro, que viene funcionando como tal desde 2010, tiene como objetivo asesorar a los progenitores durante el proceso educativo de sus hijos, e informarles de los recursos disponibles para cumplir eficazmente con su tarea, al tiempo que van creando una comunidad familiar que intercambia problemáticas y experiencias similares. En su página web, vienen definidos los recursos y materiales que esta universidad, exclusivamente on-line, proporciona para desarrollar una autentica “Educación para el talento”, eje del modelo que allí se propone.

Cada padre/madre-alumno debe matricularse en la fecha que se fija en la web y seguir un curso de diez meses de duración, en el que “acompañado” de un tutor y  formando parte de un aula que compartirá con otros padres, en función de la edad del hijo al que desean educar, irá pasando por  diferentes módulos de aprendizaje teórico y práctico.

Cuentan también con una interesante Revista digital bimensual, accesible a los no registrados, y en su hemeroteca se puede disfrutar de autorizadas, amenas y siempre útiles colaboraciones y entrevistas sobre temas educativos, legislativos,  psicológicos, sociológicos etc.,

Y, como si algún duende oculto se hubiera propuesto ponerme al día en las múltiples herramientas disponibles para convertirse en padres de primera, esta misma tarde se cierra el cupo con la explicación más o menos detallada que, desde un programa de radio hacen, sobre otra escuela de papás primerizos, que han “abierto” en un prestigioso hospital público madrileño en la que, antes de volver a casa con su bebé, enseñan a padres y madres los pasos convenientes de carácter higiénico-sanitario-nutricional para ir superando el, al parecer, difícil retorno al hogar con el nuevo vástago.    

Dicho todo esto, reconozco que me cuesta trabajo aceptar que haya padres que precisen “volver al cole” para poder cuidar y educar a sus retoños, desde el cambio de pañales hasta más allá de la pubertad, pero la realidad es que la demanda de estas clases sobrepasa la oferta, y los comentarios de quienes han acudido a ellas son positivos y gratificantes, así que nada de rasgarse las vestiduras y juzgar las vidas ajenas, y sí el mayor de los respetos para toda conducta que implique el esfuerzo de mejorar nada más y nada menos que por y para los propios hijos.

Pero… siempre hay un pero, y no puedo dejar de preguntarme el porqué de esta situación que se va generalizando. Para mí tengo que, sin darnos cuenta, hemos ido cambiando la estructura familiar, los hábitos de convivencia y la asunción de responsabilidades de tal manera que, como dijera un notable político andaluz hace años: “A esta España no la conoce ya, ni la madre que la parió". 

Nadie puede negar que este mundo es como es porque los seres humanos se reproducen, en mayor o menor medida y porque todos los padres, llegado el momento y casi sin excepción, se han ocupado de procurar a sus hijos amor, atención, ternura, cobijo, cuidado y alimentos en el inicio de sus vidas, mientras iban atendiendo a su proceso evolutivo dotándoles de los medios de educación y formación que sirvieran para desarrollar sus cualidades y capacidades, y así labrarse un futuro personal y profesional, a poder ser, de igual o mayor calidad que el que ellos tuvieron. 

Afortunadamente esta conducta generosa y entregada de los padres permanece inmutable, aunque el escenario y los comparsas de la comedia han ido mudando con los tiempos y el progreso, que tanto de bueno ha  traído, nos va dejando, día a día, un poco  más huérfanos, un poco más solos, y con un absurdo, pero temible y dañino,  complejo de  culpabilidad.  

Nunca se ha hablado tanto de valores y nunca se han menospreciado más. Hemos pasado por una larga etapa de bonanza económica en la que el consumo arrinconaba la apetencia de bienes que no fueran materiales. El espíritu de sacrificio sólo se valoraba en el aspecto deportivo puesto que sin él no se accedería a los puestos pioneros que son los que dan dinero. Los libros se sustituían por diferentes máquinas cada vez de mayor potencia y más precio. Las pandillas de niños alegres ya no se veían por las calles porque se encontraban frente al ordenador colgando en las redes sociales miles de correos apresurados, y chateando en la soledad de la habitación con fotos descoloridas de amigos virtuales, mientras que ambos padres, llegaban a casa rendidos porque necesitaban ganar, ganar y ganar y, además, debían atender, prácticamente sin ayuda, a todas las necesidades del día a día de sus hijos, por lo que luego, noche tras noche, se acostaban vencidos por otra data exhaustiva en la que no había habido tiempo más que para trabajar. 

Esos deberían haber sido los tiempos en que las distintas administraciones públicas,  en lugar de derrochar a manos llenas en faraónicos proyectos inútiles e incluso vergonzantes, se hubieran dedicado a paliar las carencias privadas en temas de tanta trascendencia como es el de la educación y la conciliación, pero sólo obtuvimos promesas imposibles y “vuelva usted mañana” y hoy vemos, con tristeza, aunque sin perder la esperanza, que  hemos de sacarnos las castañas del fuego que provocaron, si queremos aspirar a un lejano futuro mejor.

El escenario se ha  reducido, en el mejor de los casos, a la habitación de cada cual. Nadie sabe quien es el vecino del quinto, ni conoce a los comerciantes del barrio, y cuando sale a la calle para pasear a su perro, apenas queda alguien a quien saludar.

Sabido es que, desde hace tiempo, en casa ya no caben los abuelos, ni siquiera la tía Petra, así que la opción, en caso de apuro, es trasladar a los niños a sus domicilios, con toda la parafernalia, para pasar el o los días, y recogerlos luego, a la salida del trabajo o al llegar del viaje que propició la mudanza. Un “¿Se han portado bien?“, y un:” Gracias madre”, cierran cada una de esas etapas, sin diálogo, sin relación, sin alegría... y vuelta al come come de la culpabilidad.

Creo que no es justa esta situación. Tenemos que esforzarnos para ayudar a cambiarla, y quiero comenzar por romper una lanza por todos esos miles de padres que cumplen con su deber extraordinariamente, aunque no sean conscientes de ello y se recriminen por no llegar a la excelencia que pretenden en beneficio de sus hijos. 

De poco han servido tantas inútiles leyes de educación que por el mundo han sido, ni el complejo entramado que conforma el proceso educativo si, entre todos los agentes implicados, no hemos conseguido ayudar a nuestros hombres y mujeres a encontrar una adecuada armonización entre los innumerables deberes que atenazan sus vidas.

Mientras haya padres que, paralizados por el miedo, se ven apremiados a tirar la toalla indefensos ante unos jóvenes tiranos, debiendo alejarse de sus hijos para evitar males mayores o, en el caso más benigno, cuando ciertos progenitores han de volver al colegio para poder acometer adecuadamente el cuidado y la educación de sus pequeños, algo está funcionando mal en este sistema y, mejor antes que después, tenemos que exigir responsabilidades, hallar la solución al problema y, sobre todo liberarlos, de una vez por todas, de este doloroso, injusto, inmerecido y absurdo sentimiento de culpabilidad.

Por Elena Méndez-Leite

on Friday, March 30, 2012
Hay gestos que retratan una sociedad, ninguno tan llamativo como la disposición a la hora de arrimar el hombro.

Arde Atenas y mientras unos se preguntan cómo puede justificarse semejante pataleo público ante los ojos de una Europa con los bolsillos comprometidos, en buena parte, por el caos griego, otros jalean a los vándalos y se identifican con sus tropelías como si las piedras, las llamas y los policías heridos fuesen justa respuesta a las pretensiones de Bruselas por cobrar lo que se le debe. En España, aunque no han comenzando las algaradas, los sindicatos apuntan distintas posibilidades de pataleta frente a una reforma laboral impuesta por decreto ante su incapacidad para firmar un acuerdo que contribuya a sacarnos del pozo. Y como los de un bando político adivinan posibles réditos, se apuntan a la verbena a pesar de la huelga de brazos caídos con la que rubricaron sus años de gobierno.

No es malo el ejemplo para describir lo que ocurre cuando el patriotismo es una virtud desconocida para la mayoría, que apenas siente amor por su bandera y recela hasta del suelo en el que ha nacido y que –posiblemente- le comerá los ojos. No hay una ilusión común, no existe un propósito de quemar las naves por el bien de todos. Los funcionarios protestan, los trabajadores protestan, los políticos protestan, los sindicalistas protestan porque tras las reformas sólo aprecian el riesgo de perder alguna parcela de poder, ya que allí donde no hay conciencia de colectividad porque se tergiversa la Historia (que cambia las grandezas y miserias de la Nación por un cuento interesado, provinciano) son imposibles los gestos de grandeza, entre ellos la renuncia a lo que consideramos nuestro.

A los ciudadanos que formamos la clase media nos han subido los impuestos y nos han recortado los servicios. Por si fuera poco, quienes hemos decidido apostar por la familia y traemos hijos al mundo, somos los malditos de una organización administrativa que no prima la magnanimidad ni reconoce el sacrificio. Y sin embargo, estamos callados, con la piel del hombro levantada, atónitos ante el espectáculo de esta España sin norte.

Publicado en la revista ALBA el 17 de febrero de 2012

on Wednesday, March 28, 2012
Juan Algar, colaborador y miembro del Consejo de Humanismo y Valores, ha sido nombrado Embajador para España de la FUNDACIÓN ZERMATT SUMMIT. Juan Algar tiene 47 años de edad, es Fundador y Presidente de la INTERNATIONAL HELP ALLIANCE y la Ong HEALING WINGS, Consejero de la FUNDACIÓN COMPROMISO EMPRESARIAL, Consejero de la FUNDACIÓN PADRE FABRETTO. Licenciado en Marketing y Gestión Comercial por ESIC, ha realizado diferentes estudios postgrado entre los que caben destacar, Master en Dirección de Cooperación Internacional por LA SALLE IGS y la UNIVERSIDAD AUTÓNOMA de Madrid; PDG por la IESE; Professional Expert en Non-Profit Management por la KELLOGG School; y sobre Liderazgo y Buen Gobierno en STANFORD y HARVARD.

La Zermatt Summit Foundation pretende cambiar los corazones y las mentes de los líderes y el desarrollo de modelos para un mundo más humano y sostenible. Su misión es ser la plataforma de referencia internacional para hacer más humano el proceso de la globalización a través de la formulación de recomendaciones prácticas para los líderes de una economía que debe ser diseñada para servir verdaderamente a la persona humana, teniendo en cuenta los intereses de todas las partes interesadas. Su filosofía está basada en los siguientes valores: El Ser Humano -respetarse uno mismo y a los demás. Integridad -honor a la palabra dada. Sostenibilidad -respeto al planeta. Sentido de la realidad -el valor de opiniones distintas. Transparencia y Rendición de cuentas -fomentar la responsabilidad.  Coraje –vuelta a la fuerza moral y los valores.

Los trabajos de Zermatt Summit han puesto de manifiesto la necesidad y la emergencia de fundar de nuevo las enseñanzas en las universidades y escuelas de negocios. En el mundo de las finanzas, esto conlleva que el beneficio no sea el único objetivo de cualquier acción, pero que lo sean los efectos de las decisiones financieras en la actividad económica. En el mundo de los negocios, el beneficio es a menudo el objetivo principal, pero podría ser considerado solamente como un subproducto de la actividad económica exitosa, cuyo objetivo principal sería servir a los demás. En el mundo de las instituciones públicas y políticas, la justicia, el respeto de la persona, la búsqueda del Bien Común, la solidaridad, la apertura cultural y espiritual son probablemente las palabras claves en un mundo más respetuoso del ser humano.

Las discusiones mantenidas en Zermatt Summit han confirmado que el nuevo paradigma tiene que ser acompañado de un nuevo estilo de liderazgo: "Servant Leadership” Liderazgo servidor. De hecho, estos nuevos líderes tienen que aprender a ponerse totalmente al servicio de sus organizaciones asumiendo sus responsabilidades y también la responsabilidad de sus comunidades para llegar a encontrar soluciones sostenibles y en paz frente a los desafíos que enfrenten.

Estos líderes del cambio estaban ampliamente representados en la última edición del Zermatt Summit 2011 con: Sherin Ebadi, abogada iraní y Premio Nobel de la Paz; Francisco van der Hof - Boersma, fundador de Max Havelaar y líder de una comunidad agrícola en México; Jimmy Wales, fundador de Wikipedia; Jakob von Uexkhüll, fundador del Premio Nobel Alternativo; Hernando de Soto, fundador del Instituto Libertad y Democracia en Lima, Perú. Por fin, estos nuevos líderes han decidido servir simplemente el bien común, en el ámbito de sus comunidades y con el objetivo del Bien Común universal.

"Towards the Common Good", "Hacia el Bien Común", es el tema de la tercera edición del Zermatt Summit que se celebrará del 21 al 23 junio 2012.

on Monday, March 19, 2012
Entre los más dulces recuerdos de mi niñez  guardo, como oro en paño, retazos  de una serie de relatos que mi padre se inventaba para aligerar las largas tardes de invierno. Eran cuentos irreales que tan sólo tenían dos cosas en común: que siempre acaban bien y que todos ellos sucedían en la ciudad de Barcelona. Los protagonistas de las historietas unas veces eran catalanes enamorados de su tierra y otras  no, pero siempre acababan disfrutando de la vida en una de las ciudades más cosmopolitas de España que, además, tenía el aliciente de asomarse al mar. Sentía él autentica veneración por Cataluña, en donde había pasado largas temporadas, y unía al dominio de una retahíla de idiomas el de un correctísimo catalán, que incluía frases hechas, chascarrillos y canciones populares. No es de extrañar por tanto que, desde entonces, todo lo catalán fuera para mí, cotidiano, fraternal y entrañable.

Años más tarde, tuve la hermosísima oportunidad de navegar a vela por la Costa Brava; recorrer sus campos; patear sus calles; leer en su lengua a grandes literatos catalanes conversar con sus paisanos y hasta emparentar felizmente con ellos, por lo que aquel primer sentimiento se fue ensanchando y enriqueciendo al descubrir, poco a poco y por mi misma, toda la belleza paisajística y arquitectónica que albergaba esa Comunidad española, y toda la honestidad, reciedumbre, laboriosidad y eficacia de sus buenas gentes, virtudes de gran calado para mí, y no siempre fáciles de encontrar, a las que se unía esporádicamente un curioso y oportuno sentido del humor. Si, por aquel entonces, alguien me hubiera avisado de la que se nos venía encima –y conste que no hablo de rivalidad futbolística- le habría tachado, cuando menos, de ignorante.

No sé bien como comenzó este sinsentido, ni quien fue el primero en repartir,  y luego extender, la ponzoña que se ha ido enconando, pero si puedo contar como he ido yo conociendo este proceso.

El origen parece ser que tuvo su inspiración en una medida adoptada en Canadá. Esta nación, preocupada porque el incremento de los angloparlantes estaba asfixiando el uso de la que constituía su segunda lengua: el francés, se apuntó, en la segunda mitad del pasado siglo, a lo que se conoce como “inmersión lingüística”, que no es sino el sistema de impartir en las escuelas parte de las asignaturas en un idioma y parte en otro, para conseguir que los alumnos, al terminar el período escolar, dominen o al menos sean capaces de utilizar una y otra lengua indistintamente. Algunos políticos españoles, en su mayoría de corte nacionalista -quiero creer que temerosos de que su lengua materna pudiera desaparecer-, saludaron con efusión esta idea, y se emplearon a fondo para conseguir implantar, a su manera, esta inmersión canadiense en el sistema educativo catalán.

No sé por qué regla de tres los malos políticos tienen una capacidad especial para crear problemas donde no los hay; separar lo que el pueblo ha unido y, finalmente, agriar las relaciones entre unos y otros ciudadanos de nuestra Piel de Toro. Así, dentro de Cataluña comenzaron a oírse comentarios de tinte separatista y fuera de ella, a través de las redes sociales, se inició una campaña, más o menos velada, de boicot a los excelentes productos de aquellos lares. La cizaña había comenzado a germinar y para mí tengo que no ha llegado a mayores por este buen sentido de nuestro pueblo, de quien alguien dijera en nefasta ocasión que tenía el gobierno que se merecía. ¡Craso error en la afirmación, como ha quedado tristemente demostrado en los últimos tiempos!

Yo seguía yendo con asiduidad a la costa y nunca tuve el menor problema con el idioma. Normalmente me saludaban en catalán y cuando yo respondía en castellano, la conversación proseguía en nuestro común idioma, con gran deferencia por su parte, y aquí paz y después gloria.

Así las cosas, y en una situación de terror económico en la que es más necesario que nunca la unión de todos para la reconstrucción del país, conscientes de que con nuestros maltrechos caudales hemos de atender, entre otras lindezas, a una deuda multimillonaria que han contraído con sus proveedores una gran mayoría de morosas administraciones locales y autonómicas, a más de soportar que los clubes de futbol dejen de pagar a la hacienda pública los impuestos debidos… y suma y sigue, vuelve a plantearse, con tintes extremos, el asunto de la inmersión lingüística, no ya para preservar la lengua catalana sino para prohibir la enseñanza del español dentro de una parte de nuestro territorio, pretendiendo que,  en Cataluña, si alguna familia desea que sus hijos estudien alguna de las asignaturas en la que nuestra Constitución proclama como lengua oficial de todos los españoles, acuda a los tribunales en busca de amparo legal y autorización pertinente ¡Vivir para ver! 

¿Se imaginan, sin ir más lejos, que en el Languedoc Rosellón francés donde, por cierto, además del occitano también se habla el catalán, a alguien se le ocurriera la peregrina idea de tener que recurrir a un magistrado para poder estudiar en francés en las escuelas de su emblemática capital, Montpellier?

Señores: ¿No tenemos ya bastantes problemas en el ámbito de la educación para añadir el de estos dislates? Sinceramente creo que nos hemos salido de tiesto, pero lo verdaderamente  triste es que cada vez que alguna de estas noticias aparece en los medios de comunicación se van llenando los blogs, las redes y otros foros, de una especie de malquerencia, de batalla dialéctica y de enemistad radicalizada que ya no permite el análisis sereno de la situación, y que  puede llegar a mayores. ¿Y qué me dicen de nuestros niños? Es posible que al final, y visto lo visto, prefieran estudiar en inglés ya que parece ser que este idioma no provoca conflictos ni entre compañeros, ni entre profesores, ni entre representantes políticos ¡Que descanso!

Sería también de desear una explicación pormenorizada que nos aclare, -si como dicen los periódicos esto es así-, hasta cuando el Tribunal Superior de Cataluña va a hacer oídos sordos a las sentencias del Tribunal Supremo y, en lugar de provocar rifirrafes, considerar si no es más lógico, en pleno siglo XXI y con la que está cayendo, intentar todos juntos abrir puertas al mundo y conseguir que en todas las escuelas del país nuestros niños aprendan correctamente el español y el inglés, así como los tres idiomas cooficiales de España en las escuelas de cada una de las Comunidades correspondientes.

El catalán, el gallego y el euskera forman parte de nuestro acervo cultural, tenemos el deber de protegerlos y preservarlos y el derecho de aprenderlos y utilizarlos. Caer en la tentación de emplearlos como arma arrojadiza o símbolo de desunión entre los pueblos y regiones de España es una acción necia y peligrosa fruto de la inmadurez y la escasa capacidad de unos pocos, con el beneplácito de demasiados acólitos cortos de miras.

Aprender bien un idioma es una de las satisfacciones más gratificantes y, hoy en día, imprescindible en nuestro mundo globalizado. No podemos olvidar que favorece la universalización del conocimiento humano en todas y cada una de sus manifestaciones, científicas, literarias, lúdicas etc., y contribuye, sin la menor duda, a estrechar lazos entre los pueblos, no a deshacerlos o asfixiarlos con el nudo de la incomprensión.

Quiero volver a pasear por las Ramblas escuchando el murmullo del catalán y el español como dulce música de fondo. Me daría una pena infinita que uno sólo de nuestros niños catalanes tuviera que dialogar con cualquier otro niño de España en inglés, en francés o en cualquier otro idioma europeo, porque un nefasto día a algún saberut de turno se le ocurrió la feliz idea de que en Cataluña los escolares ya no aprendieran a hablar español. 

Por Elena Méndez-Leite

on Saturday, March 10, 2012
"No consideramos que la justicia se nos presente por naturaleza, porque sí, sino porque se puede enseñar y se aprende con la práctica". Platón

Entrevista al conocido magistrado Emilio Calatayud, titular del Juzgado de Menores número 1 de Granada, famoso por sus sentencias ejemplarizantes y aleccionadoras, así como por su claridad a la hora de tratar los temas relacionados con la educación de los menores. 

La duración total es de unos 40 minutos, pero sin duda merece la pena escucharle, tanto por su sentido común, como por denunciar el relativismo y el papanatismo imperantes durante los últimos años en el entorno educativo, cuya últimas consecuencias son esas pavorosas cifras de fracaso escolar, violencia, delincuencia juvenil y la situación límite que también viven muchos padres, amenazados o atemorizados por sus hijos.


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